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ANDRES LóPEZ STAND UP COMEDY LA PELOTA DE LETRAS |
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Mayo 7 de 2005 Se trata de Olga Forero, la que en la obra tiene el
nombre de Gloria, quien explica cómo nacieron algunas frases famosas como
'deje así'. ‘¡Deje así!’ López,
el mismo que ha presentado la exitosa obra por lo menos 330 veces en Colombia
y Estados Unidos, escuchó varias veces esa frase durante su infancia. Olga
Forero, su mamá –la misma que en la obra tiene el nombre de Gloria porque así
se llamaba la madre de una ex novia de Andrés y para él es el nombre
"más representativo de esa generación de nuestra patria"–, fue la autora. Las
dos palabras nacieron de la necesidad. No sabía cómo frenar la creatividad de
su hijo que quería saberlo todo y hacerlo todo. Se encaprichó con la idea de
hacer un cohete y un satélite. Leyó cuanto libro llegó a sus manos y después de
un tiempo aseguró que podía lograrlo. "Yo
trataba de explicarle que un proyecto de esos tenía que contar con la ayuda y
el visto bueno del gobierno o de los gobiernos, pero como no podía
convencerlo le decía: ‘deje así’ –dice Olga–. Había que frenarle tanta
explosión de ideas de alguna manera". En
la obra Gloria tiene a Fabio para educar a sus hijos, pero en la realidad
Olga no contó con la ayuda de Sebastián López, el verdadero nombre del papá
de Andrés. Ellos se separaron a los diez años de matrimonio, "cuando la
tecnología del divorcio llegó a Colombia", como dice el famoso cuentero. A
falta de papá esta madre tuvo que hacer el papel de los dos, por eso la
creatividad de Andrés y sus preguntas la agotaban, a las que respondía con
las frases que podía. "Las mamás no debemos hacer eso, debemos buscar la
forma de atender a los hijos de otra manera", dice ahora que ha
recapacitado y ha tenido que "sufrir" tres veces con la obra de su
hijo porque siente que le "pone el dedo en la llaga". "Siempre
es jarto ver que esa forma de educar pudo haberlo afectado. Sé que todo es
ficción, pero tiene algo de verdad y no solo sobre cómo yo eduqué, también
como lo hicieron otras madres que no saben cómo controlar a un hijo y sienten
que hay que aterrizarlo". ‘¿Qué’s la gastadera?,
¡considere!’ Andrés
y su hermana, que también se llama Olga, se criaron con la familia materna en
Modelia, un barrio de estrato medio de Bogotá. Allí los llevó Olga después de
la separación para tener ayuda en la educación y en los gastos de la casa. "Somos
una familia santandereana que, como todas las demás, hace énfasis en que hay
que cuidar y proteger las cosas". Olga fue de las primeras mujeres que
se graduó de ingeniería industrial de la Universidad Industrial de Santander
(UIS), de Bucaramanga. Allí aprendió, como los otros jóvenes de su
generación, a hacer el amor y no la guerra, y a tener una sensibilidad
social. Por eso, trató de enseñarles a sus hijos a respetar a los demás, a
gastar solamente lo necesario y a cuidarse mutuamente. Algo
que aprendió al pie de la letra Andrés. Cuando su hermana estaba en la
adolescencia, a todo el que le "echaba los perros"–como ella misma recuerda– le
decía que su mamá estaba armada. "Les aseguraba a los muchachos que yo
tenía una colección de armas, una miniuzi y un lanzagranadas. Los vecinos me
tenían miedo. Con Andrés se hizo lo que se pudo". ‘¿Usted qué creyó? ¿Qué esta
casa es un hotel?’ "Todo
lo que cuenta Andrés en su obra es una copia de lo que se dice en las casas
santandereanas, pero también en otras del país. Hay frases de mi mamá y hasta
de la hermana. Por ejemplo, es muy común escuchar: "mientras usted viva
en estas cuatro paredes no puede…"". Olga
dedicó toda su vida a la docencia. Decidió ser maestra porque los horarios
eran más flexibles y le permitían estar más tiempo con sus hijos. Trabajó 17
años en la Universidad Distrital, en Bogotá, y hace 10 se pensionó. Ya
no vive con sus padres. La mayor parte del tiempo la pasa en Canadá, donde
reside su hija desde hace tres años, desde que se casó. "Cuando llega el
invierno me voy para Colombia porque no me aguanto el frío. Aquí vivo feliz
con mi nieta de un año y con mi yerno que tiene cero defectos". ‘¡Usted verá!’ Ver
la obra de Andrés y el éxito que ha alcanzando contando a los demás lo que
dicen madres y padres de diferentes generaciones ha llenado de orgullo, pero
también remordimiento a esta madre que no dice cuántos años tiene "más
de 60 años". No
solo porque vio reflejados todos los errores que cometió en la formación de
sus hijos, ("pero es que a los padres nos falta educación, no hay una
escuela para aprender a serlo, aprendemos cuando estamos jubilados")
sino también porque no apoyó a su hijo cuando le dijo que dejaría los
estudios para ser cuentero. "Me
causó un fastidio. Le pregunté que cómo iba a dejar de ser ingeniero para ser
un saltimbanqui. Al final le dije que hiciera lo que quisiera. Viendo la obra
y su éxito, me di cuenta de que él tenía razón. Las madres pensamos que las
profesiones tradicionales son las que dan para comer, pero existen otras
carreras. El mundo está cambiando". Las
madres pensamos que las profesiones tradicionales son las que dan para comer,
pero hay otras. ÁNGELA
CONSTANZA JEREZ |
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